El Estado se arrogó hace tiempo la facultad de imponer a todos los establecimientos educacionales del país, incluyendo a los colegios públicos, particular subvencionado o particular pagado, un piso mínimo que enseñar a sus alumnos. Así, se supone, que cada alumno que egresa de la educación sabe lo indispensable en matemáticas, ciencias, historia y lenguaje. ¿Son realmente “mínimos” estos contenidos? ¿Son neutrales esos contenidos? En ningún caso. Cada vez el currículum ha ido imponiendo una mayor cantidad de contenido, limitando, en la práctica, la iniciativa de los establecimientos para música, arte o pensamiento. Pero, además, han impuesto su perspectiva en historia, en filosofía.