Hace falta un sueño para el Chile del futuro, esto es, un proyecto ampliamente consensuado para un desarrollo integral del país que mire 20 o 30 años hacia adelante. Un objetivo común de esta naturaleza, junto con generar unidad social, daría sentido a la discusión sobre políticas públicas y permitiría evaluar qué propuestas político-económicas calzan mejor con el avance hacia el conjunto de metas que lo configuran. De esta manera se podría trazar un plan grueso que sirviese de guía para la andadura hacia la consecución del destino deseado. El camino que ha seguido la nación durante los últimos quince años evidencia claramente la necesidad de articular la idea que se aquí expone. La sociedad chilena ya conoce el enorme daño y retroceso que significa ir a los tumbos, girando cada pocos años radicalmente su rumbo, más todavía cuando se la ha tratado de conducir hacia la concreción de utopías ideológicas o se la ha impulsado a derroteros revolucionarios.

Los años recientes de la vida patria han visto resurgir concepciones y prácticas que en el pasado han probado ser nefastas en estas tierras, así como en foráneas. Si se mira con detenimiento, el conjunto de síntomas que muestra el país resulta altamente preocupante. Pérdida generalizada del respeto a la autoridad, degradación del trato y el nivel de debate público, escasa discusión de ideas, utilización habitual de la violencia -física, moral o psicológica- como arma de prevalencia política, aumento los actos terroristas y narco-delincuenciales, desconexión de la élite política respecto a los requerimientos de la ciudadanía, fragmentación partidista, práctica de la política como espectáculo, abundante corrupción en diversos ambientes, tanto públicos como privados y en la interrelación entre ambos y, visto en su totalidad, un peligroso etcétera. Todo ello, en el contexto de un amplio deterioro de la vida familiar, una economía que ha perdido su ímpetu, dejando de crecer al ritmo exigido para sacar a Chile del subdesarrollo, problemas perennes en el sistema de salud, pensiones insuficientes, bolsones de pobreza y hacinamiento, cientos de miles de inmigrantes existiendo en condiciones de precariedad y más. Y un problema de marca mayor que permea y sirve de caldo de cultivo para casi todo lo demás: un mal sistema educativo escolar que no ayuda a formar a las personas ni tampoco a preparar para la práctica laboral.

Es hora de que, desde los diversos sectores de la sociedad, emerjan liderazgos sensatos y con vocación patriótica que estén dispuestos a sentarse juntos a pensar y empujar los cambios que, en lo inmediato, eviten que Chile prosiga la ruta al descalabro y, en lo mediato, colaboren a orientarlo por la senda de un futuro mejor de la mano de un sueño promisorio. Esta es una tarea tan urgente como pendiente.

Vía: https://www.latercera.com/opinion/noticia/un-sueno-para-chile/Y2B75TXOBBA5JAMAZ5NYV2AY7E/

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